11 febrero, 2007
Mito cinco (2da parte)
MITOS EN MEDICINA
(a cada cosa que sintamos, tenemos el hábito de buscarle una explicación. Eso está bien. Pero si erramos, estamos condenando a un inocente. Y como el verdadero culpable sigue estando libre, puede seguir haciéndonos daño)
5º MITO (2da parte): ¿LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL DÁ SÍNTOMAS? ¿CUALES? (Segunda parte)
En la entrega anterior decíamos que el hipertenso tiene un miedo morboso a que su presión se eleve por encima de ciertos límites, ya que si lo hace, piensa, podría tener “un ataque de presión”, que paralizando la mitad de su cuerpo, podría dejarlo inválido por largo tiempo, o para siempre.
Eso ha hecho que con el correr de los años se hayan adjudicado a la hipertensión “síntomas de alarma” que “avisan” a su portador que la cosa no está bien, por lo que necesita urgentemente ayuda.
Y, pobre hipertensión, los síntomas de alarma que se le atribuyen son legión, pero pura fantasía.
El más común de todo es la cefalea (dolor de cabeza).
No es un misterio el encontrar el origen de este mito.
Antiguamente, cuando no existían los modernos medicamentos antihipertensivos de los que disponemos, en la clasificación de HIPERTENSIÓN, la más grave se denominaba “Hipertensión Maligna”, y el nombre era bastante acertado, ya que por esas épocas, al que se le diagnosticaba ese tipo, moriría nunca después de dos años de efectuado el diagnóstico.
El portador de ese mal, solía tener un síntoma muy desagradable (no estaría mal si escribiéramos “torturante”).
En la entrega anterior decíamos que el cerebro controla la presión de sus arterias. Pero eso deja de ocurrir durante el sueño. Cuando uno se duerme, lentamente, esa magnífica protección va desapareciendo, hasta que más o menos luego de una hora después de habernos dormido, las arterias cerebrales tienen la misma tensión que las del resto del cuerpo. Eso hacía que, en los hipertensos malignos, comenzara a doler su cabeza. Dolor que se iba incrementando con el correr de las horas, hasta que más o menos a la tercera, se hacía tan terebrante que despertaba al enfermo a la madrugada. Él no encontraba forma de acomodar su cabeza en la almohada (“es como si la tuviera apoyada en un tronco”, me comentaban hace treinta años), lo que los obligaba a levantarse, y, misteriosamente, el dolor desaparecía, sin tomar ningún tipo de calmante, en menos de una hora y media (es que los reguladores de la tensión de las arterias intracerebrales comenzaron a funcionar en la vigilia, haciéndola descender).
Ese síntoma, que en realidad era muy raro de encontrar (yo tan solo recuerdo cinco casos en mis primeros años de médico -luego vinieron los modernos medicamentos antihipertensivos, que son tan eficaces como para haber hecho eliminar de la clasificación a la “hipertensión maligna”-).
Pero como la “cefalea de la hipertensión” fue un síntoma que duró siglos, en la actualidad, por esas cosas de los atavismos, cualquier dolor de cabeza en un hipertenso, se atribuye a un descontrol en sus cifras tensionales. Y allí va el pobre hipertenso al que le duele la cabeza, muerto de miedo, a tomarse la presión en donde primero encuentre alguien que la mida (que no quiere decir “que sepa medirla”).
Seguramente la encontrará más elevada de lo usual, porque el paciente está asustado y recién llega. La deducción lógica, basada en esas erróneas evidencias es que la hipertensión “hace doler la cabeza”. PERO ESO ES FALSO: la hipertensión no puede dar cefaleas porque, por más alta que esté, el cerebro regula la propia, y en sus arterias siempre está “normal”.
Hay muchísimas causas de cefaleas. La más común es la artrosis, o la rectificación, de la columna cervical, y la que le sigue es "la jaqueca", pero la hipertensión jamás es una de ellas.
Otro de los “síntomas premonitorios”, son “los mareos” (o vértigos, para ser más exactos en el uso del idioma común -y hago esta referencia porque en la medicina moderna la palabra “vértigo” se ha reemplazado por “mareos del tipo dos”. Qué va uno a hacerle, tenemos que cambiar la nomenclatura para que nosotros mismos nos creamos que “seguimos avanzando en los conocimientos”. Un día, en un congreso un “experto” nos explicaba que la diabetes sulfodependiente -esa que mejora tomando comprimidos-, a la que usualmente llamamos “diabetes tipo II"
El vértigo (sensación de que todo gira a nuestro alrededor, o que somos nosotros los que giramos), puede tener dos orígenes usuales.
Uno es circulatorio: en la artrosis grave de cuello, al levantar la cabeza, por ejemplo para colgar la ropa lavada en el tendedero, las arterias posteriores del cuello se colapsan, dejan de llevar la sangre, y se produce un desarreglo eléctrico en un pequeño órgano del que hablaremos unas líneas más abajo, y, luego,esa fea sensación (que termina, instantáneamente, cuando uno mira hacia delante -porque las arterias se descolapsan-).
El otro, el más común, es PURAMENTE ELÉCTRICO.
Tenemos, en la parte más interior de ambos oídos, un genial aparatito al que llamamos “laberinto”, que sirve para asegurarnos el más importante de los sentidos: el sentido del equilibrio. Es el que nos da la percepción de cómo está nuestro cuerpo en el espacio (vertical, horizontal, de lado, etc.). Si uno de esos aparatitos se enferma (para ejemplo tomemos que el enfermo es el izquierdo), el derecho le dirá a nuestro cerebro que estamos verticales y mirando hacia delante (cosa que es cierta), mientras que el izquierdo -el enfermo- le informará que estamos ladeados hacia la izquierda. Esa información dispar hará que nuestro cerebro no pueda computarizarla, lo que se traduce en una sensación de que todo gira, o que no podemos caminar “derechos” (tal como a los borrachos, a los que el alcohol les trastorna sus laberintos).
Obviamente, el que estaba muy cómodo haciendo sus tarea habituales, y de golpe le ocurre, por ejemplo, que todo gira a su alrededor (o que es él el que gira), siente un enorme pánico, por lo que hace llamar a una urgencia, que lo primero que hace es tomarle la presión. Y la encuentra alta.
En esos casos la presión está elevada por dos motivos: por el terror que siente quien de golpe y sin causa aparente siente el horrible vértigo que le hace pensar en una inminente catástrofe cerebral, y por un motivo fisiológico que hace que la presión suba, por mecanismos reflejos, cuando el cerebro padece de vértigos.
MORALEJA: La presión no produce vértigos, ni mareos, ni inestabilidad de marcha, sino que todos ellos “suben la presión”.
Y el último más común de los “ataques de presión”, es el sangrado nasal (epistaxis).
El ver salir sangre de un lugar de donde no debiera (no de una herida, por ejemplo), nos produce pánico, especialmente si la hemorragia es nasal. Todos asocian a la hipertensión con este fenómeno. He escuchado, con asombro, que muchos médicos le han comentado a pacientes con epistaxis: -Menos mal que sangró por su nariz, porque si la sangre hubiese salido por alguna arteria de su cerebro……………
Me dan vergüenza ajena esas opiniones. Imagínense qué pasa por la mente del enfermo durante todo el resto del tiempo que le queda por vivir.
La sangre que sale por la nariz es a causa de que una vena dilatada (varicosada), que de pronto comenzó a sangrar (la mayor parte de las veces es a causa de lo que los Otorrinolaringólogos llaman, elegantemente, “rinodactilomanía”, que no es más que la costumbre de hurgar con los dedos las narices).
Ese sangrado nasal, produce tanto miedo que si se le toma la presión a quien lo está sufriendo, se la encontrará elevada. Entonces otra vez el comentario “descolocado”: su nariz sangra porque su presión está alta, dé gracias a Dios que fue en su nariz y no en…
En resumen:
La hipertensión “no da ningún síntoma”, es por eso que siempre decimos de ella que es UN ENEMIGO SILENCIOSO.
Entonces, la pregunta del millón es ¿Cómo sabré si mi presión está alta?
Pues es muy simple: si ya es usted adulto, contrólese la presión una vez al año, en invierno, esto es fundamental, ya que el frío eleva la presión de todos, y, especialmente, un día en que la presión atmosférica esté baja (cuando baja la presión atmosférica, la tensión arterial tiende a subir. Luego de tres días de estar la atmosférica baja, la arterial se normaliza; y, al revés, cuando la presión atmosférica sube de golpe, la tensión arterial baja, pero el tercer día de presión atmosférica alta, la tensión vuelve a sus cifras normales), que la presión atmosférica esté baja, decía, y usted haya descansado no menos de 15 minutos antes de tomarla. Si en esa toma la presión está por debajo de 150/85, no vuelva a controlarse hasta el año que viene en un día similar.
Si está en esas medidas, o superiores, consulte a un clínico. Pero sin miedos: NO DEBE TENÉRSELE TEMOR A LA PRESIÓN, SINO RESPETO (MUCHÍSIMO RESPETO).
Reiterémoslo: la presión ya ha dejado de ser el enemigo que era en el pasado. Con los nuevos medicamentos (y los que vendrán) ha pasado a ser “un mal menor”.
Y si sigue siendo mayor es a causa del terror que produce la desinformación (o la contrainformación). Tengámosle muchísimo respeto, pero jamás miedo.
Consejos para ser en hipertenso respetuoso:
Nunca dejen de tomar los remedios que su médico le indicó.
Nunca dejen de concurrir a la visita de control.
Jamás dejen que nadie les tome la presión, si no es su médico o alguno a quien él le derivó.
En invierno usen siempre sombrero (el 70 % del calor corporal se pierde por el cuero cabelludo).
Aunque sean poco sensibles al frío, abríguense como lo hacen las personas que lo rodean (siempre les digo a mis pacientes: “si uno tiene la mano anestesiada, la pone al fuego y no le duele…, pero se le quema”).
Jamás tengan un tensiómetro en casa, es un aparato que tan solo sirve para hacerlos asustar.
Si tienen epistaxis a repetición, no se tomen la presión cada vez que ocurra, y vayan a un otorrinolaringólogo para que les solucione el problema.
Si tienen dolores de cabeza con mucha frecuencia, concurran a su clínico para que investigue por qué les duele. Pero jamás se hagan tomar la presión, por más intolerable que sea el dolor, ya que si la presión está alta no les pasará nada, pero si lo saben se llenarán de angustia gratuitamente, con lo que empeorarán el cuadro de sufrimiento.
Si tienen mareos, o vértigos, o inestabilidad de marcha, vean a su clínico para que, si él no puede resolver el problema, los derive a un neurólogo. Y en esos casos tampoco se tomen la presión en plena crisis. Si ya saben que ha de estar aumentada, ¿Para qué torturarse con las cifras?
Y, reitero: aunque se sienta extraordinariamente bien, hágase tomar la presión por un médico, al menos una vez al año.
Próxima entrega: ya se verá (hay tanto que desmistificar…).
No sé, exactamente, que le ocurrió, pero se me hace que lo que ha sufrido "varias veces" son
CRISIS DE PÁNICO. No puedo negar que sea hipertensa, pero:
Es muy joven para ser hipertensa (aunque los hay).
Y la hipertensión no da síntomas.
En todo caso tenía alta su presión por el miedo que le dió lo que sentía: pánico.
De todas formas no me parece mal que se tome la presión una vez al mes. Pero si la toma está normal en dos o tres oportunidades en vuestro invierno, hágalo una vez al año, como le aconsejo en el blog.
Un beso
Besos y un abrazo
Me ha llamdo la atención los valores que usted pone ¿son iguales en todos los emisferios? es que estoy cansadita de oirles que tengo que estar a 12/7 y de ahí no debo pasar y que con mis antecedentes familiares debo controlarme muchos asi que (aquí me sonrojo) tengo un aparatito en casa.
Besos dr.
Me están dando tema para una buena respuesta, tengan paciencia, en tres o cuatro días les contesto.
le mando un besote grande
Es cierto "está cascailla", pero las hay peores, y bien tratadas andan muy bién.
Lo importante es no dramatizar los males que debe uno soportar. Nunca son tan malos, pero si los dramatizamos suelen hacerse insoportables.
Un beso
Le cuento una anecdota:
hace seis años la obra social de los jubilados (PAMI), de la que soy "médico de cabecera", nos obligó a asistir a un curso de dos años (todos los sábadosde 8 a 13 hs) en donde venían "expertos médicos" de la "república hermana de Buenos Aires".
Un sábado el tema a tratar era la hipertensión.
El disertante "PRESIDENTE DEL COMITÉ DE HIPERTENSIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES", en su discurso dijo que la "preión normal" debía ser 130/70.
El que suscribe, que es un lengualarga, levantó la mano y preguntó: ¿En verano o en invierno?. EL "Presidente de...", se puso molesto y, no recuerdo bien, pero salió del paso conque era una especie de promedio...
Cuando pretendió recomenzar su conferencia, otra vez el que suscribe levantó su mano.
-¡Si doctor...!- me dijo con un tono de fastidio.
-¿A que hora?, porque los ritmos circadianos....(la presión está más alta a las 9, hora solar, y a las 17, y más baja a las 14, y mucho más a las 2 de la mañana)
-Bueno...- ,dijo dubitativo -Digamos "a una hora promedio"- (?)
-¿Y con qué presión atmosférica?- le pregunté.
-¡Y eso qué tiene que ver!- me respondió visiblemente molesto.
-¿Es que usted, siendo el presidente del Comité de Hipertension de la UBA, no tiene barómetro en su consultorio? ¿No sabe que si la presión sube de golpe la tensión arterial baja, y viceversa?
Se puso colorado como un tomate, e hizo lo de costumbre: me preguntó
-¿Usted me está cargando?- (que aquí quiere decir si lo estoy jorobando, embromándo, si, quizá, me estoy riendo de él).
-El que nos está cargando es usted, señor Presidente del..., ¿Se piensa que nosotros somos médicos que nos recibimos en una Universidad de cuarta categoría?
Entonces me levanté y me fuí de la "clase" (luego me contaron que después de mi partida se armó un lío fenomenal).
Mariloli, tire a la basura "el aparatito que tiene en casa", y el único que debe tomarle su presión es su médico. Si quiere comuníqueme los resultados dándome los datos de la hora en que se la tomó, cuál es la temperatura ambiente, y la presión atmosférica (en los informativos radiales siempre la dicen -por lo menos aquí-), y luego lo conversamos.
Molts petonets
La hipertensión no "tiene edades".
Simplemente es más común en personas que superan los cincuenta años (lo que no quiere decir que un niño, o una pesonsa de 20, 30 ó 40 no pueda padecerla.
Lo que el comer grasa la predispone es tan cuento chino como aquello de que las mujeres no se podían bañar mientras menstruaban, o que no se puede tomar vino después de haber comido sandía. Los gordos hipertensos son más difíciles de controlar porque comen muchos hidratos de carbono, los que les hacen retener mucha agua. Siempre me peleo con los cardiólogos: ellos les prohiben a los hipertensos consumir sal, pero no carbohidratos ¿Por qué no hacen al reves?
El alcohol no eleva la presión, todo lo contrario, ese es otro mito
que alguna vez trataremos de erradicar.
Moitos bicos
La hipertensión no "tiene edades".
Simplemente es más común en personas que superan los cincuenta años (lo que no quiere decir que un niño, o una pesonsa de 20, 30 ó 40 no pueda padecerla.
Lo que el comer grasa la predispone es tan cuento chino como aquello de que las mujeres no se podían bañar mientras menstruaban, o que no se puede tomar vino después de haber comido sandía. Los gordos hipertensos son más difíciles de controlar porque comen muchos hidratos de carbono, los que les hacen retener mucha agua. Siempre me peleo con los cardiólogos: ellos les prohiben a los hipertensos consumir sal, pero no carbohidratos ¿Por qué no hacen al reves?
El alcohol no eleva la presión, todo lo contrario, ese es otro mito
que alguna vez trataremos de erradicar.
Moitos bicos
Un beso querido amigo y me voy con la moto que hace muy buen día y eso que ayer llovía a mares.
PD: mañana saldrá para Rosario una carta postal a ver lo que tarda.
¡Sí señor, a la basura con ese aparatejo, que es para los hipertensos igual que la balanza para los gordos!
Espero que el viaje les haya sido muy bueno. Aquí también el tiempo está así de loco, ayer llovía y estaba muy fresco (como para llevar abrigo). Pues hoy está como para aire acondicionado.
Molts petons
GRACIAS Y DIOS LE CONTINUE BENDICIENDO angiexitosa
Qué sorpresa, alguien de Colombia, de nuestra Sudamérica.
Le aclaro que las grasas no se pegan a las venas, y que las "toxinas" a ningún lado.
Los calambres (seguramente nocturnos) le daban a causa de la insuficiencia de las venas profundas de sus miembros inferiores, y el adormecimiento en manos y piés por los pinzamientos en su columna cervical y lumbosacra a causa de semejante sobrepeso.
La Arginina es un aminoácido que no hace ningún daño, pero si al que lo consume le hace bien ES MUY BUENO.
Para mi gusto, lo que le ha hecho bien es bajar esos más de cuarenta kilos, que espero que sean más si tiene paciencia (por lo menos ya ha comprobado que bajando se mejora).
LE MANDO UN BESO Y GRACIAS POR ESCRIBIR (Y POR LA SORPRESA QUE ME HA DADO)
aten:
Jorge
Muchas gracias por su comentario; me alegra muchísimo que le haya hecho tan bien lo que ha leido.
Quedo a sus órdenes.
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